¿Cómo empezar a meditar? ¡Da el primer paso!

¿Cómo empezar a meditar? ¡Da el primer paso!

Seguro que has oído hablar de la meditación o conoces a alguien que practica. Incluso puedes que hayas pensando en intentarlo tú en alguna ocasión. Pero ¿cómo empezar a meditar? Lo primero que tienes que tener claro es que lo único que necesitas es dedicarte unos minutos a sentarte en silencio y conectar contigo, a observar tu respiración, sin dejarte arrastrar por los pensamientos que van apareciendo por tu mente. 

La meditación tiene muchos beneficios y es una gran aliada para encontrar calma, mejorar nuestra concentración y capacidad de respuesta, desarrollar nuestra empatía… De todas las cuestiones que podríamos contarte para que comiences con tu práctica de meditación hemos decidido empezar por la postura. Si te preguntas por qué es tan importante la respuesta la puedes comprobar con tu propia experiencia si te sientas a meditar. 

¿QUÉ PASA EN TU CUERPO CUANDO TE PARAS?

Cuando nos paramos, cuando dedicamos esos minutos a no hacer nada más que respirar, sin movernos, las primeras sensaciones que van a aparecer son físicas. De repente, te das cuenta de que tienes un picor insoportable en algún punto de tu cuerpo, que un pie se te queda dormido, que la espalda va acumulando tensión…. Y ya no puedes pensar en otra cosa que no sea ese picor, esa pie dormido. Esa inquietud en el cuerpo se va a reflejar en tu mente. Tal vez incluso tengas la necesidad de estar moviéndote durante los minutos que dediques a tu meditación. Si ya practicas, ¿te suena familiar todo esto?

Estas sensaciones te ayudan a tener más consciencia de tu cuerpo. Por eso, es importante que encuentres la postura en la que puedas permanecer durante unos minutos observando en calma lo que ocurre, inmóvil. 

     Estar bien sentado es encontrar el sitio que ocupa uno sobre la Tierra – Élisabeth Couzon.

LA POSTURA

Al meditar buscamos alargar la espalda, buscar una posición de la columna erguida sin tensión, estable pero cómoda. Los hombros y los brazos se relajan, dejando caer tus manos sobre las rodillas o los muslos, y el cuello permanece alineado también con la columna, sin forzarlo, colocando la barbilla en paralelo al suelo. Los músculos de tu cara también se relajan, sin tensión en la mandíbula o en la frente. Al principio, cerrar los ojos de manera suave ayuda a llevar esa mirada hacia tu interior. 

La postura tradicional de meditación es sentarse en el suelo o sobre una esterilla, con las piernas cruzadas. En Sukhasana (o postura fácil de meditación, la que ves en la imagen), lo ideal para buscar esa comodidad y estabilidad en la columna, es sentarte sobre un par de cojines que tengas en casa o un par de mantas dobladas. Cualquier cosa que haga que tus caderas suban un poco por encima de tus rodillas. Aunque te parezca que no hay mucha diferencia, esto es fundamental para evitar que tu espalda se vaya redondeando y tu lumbar empiece a cargar con más peso de la cuenta. Haz la prueba. 

Si te cuesta mucho trabajo estar unos minutos con las piernas cruzadas en el suelo, porque tengas problemas de rodillas o porque aún no tienes mucha flexibilidad, puedes optar por sentarte en un taburete o en una silla. Eso sí, intenta que sea en una silla que te permita estar con los pies bien firmes en el suelo y sin apoyarte en el respaldo. Buscamos estar alerta, en una posición digna, la intención de la espalda debe ser la de crecer, así no te dejes apoyar en el respaldo y busca esa estabilidad. 

Si tienes en casa una de esas pelotas de ejercicios que se usan en Pilates, por ejemplo, puedes probar a usarla también para ayudarte al principio a encontrar de manera cómoda la forma de mantener una espalda alargada. Tal vez esto no te parezca muy ortodoxo pero lo importante es que tu cuerpo vaya integrando esas sensaciones y que no suponga un inconveniente a la hora de meditar.

Dedica tiempo a encontrar tu postura, prueba diferentes opciones. Si en algún momento necesitas moverte, hazlo lo más despacio posible, con mucha consciencia, para intentar no salir del estado de observación en el que estás durante tu sesión. 

No te preocupes si tus rodillas quedan muy arriba cuando te sientes en Sukhasana o no consigues ese cruce perfecto de piernas que ves en las idílicas imágenes que seguro has visto en internet de gente meditando. Tu cuerpo es único, tu práctica es única, así que solo tú sabes cuál es la posición adecuada para ti. 

LA MEDITACIÓN COMO ALIADA

Con estos pequeños consejos sobre la postura ya tienes algunas indicaciones sobre cómo empezar a meditar. La ciencia avala los múltiples beneficios que tiene la meditación, cómo es capaz de modificar nuestro cerebro y ayudarnos a tomar las decisiones más adecuadas en cada momento. Contribuye a la concentración y al mejor rendimiento, así como a reducir el estrés y la ansiedad.

Por eso, en Inspiranza, estamos convencidos de que se trata de una herramienta que puede ser de gran valor para los jóvenes, una aliada en una época vital que está llena de cambios, miedos e incertidumbres. Por eso nos proponemos llevar la meditación a cuántos más jóvenes mejor, para inspirarles y que puedan enfocar su futuro desde la calma, el enfoque y la ilusión por encontrar su mejor versión.

¿Nos ayudas a conseguirlo?

 

Rosa. Profesora de Yoga y meditación. Voluntaria en Inspiranza. 

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